18.5.05

Sobre "El Hijo del Acordeonista", de Atxaga

Bernardo Atxaga es uno de mis escritores favoritos. Su primer libro, Obabakoak, me impresionó por su imaginación a veces delirante (el lagarto que entra en la cabeza de los pobres escolares a través de la oreja, por ejemplo) y por la profundidad de los diálogos (recuerdo las reflexiones acerca de la muerte en aquel capítulo memorable en que el protagonista y un conde decadente y enano pasan las horas lenta y conversadamente en un pueblo perdido en medio del campo). Luego leí El Hombre Solo y su final apocalíptico, casi bíblico, permaneció en mi mente por mucho tiempo. Atxaga revela el lado humano de los terroristas de ETA, podría pensar alguien. Quizás, pero con ese final el libro adquiere una fuerza moral que recuerda a Dostoievski ("Crimen y Castigo") y que no deja lugar a dudas sobre la posición del autor con respecto a la violencia.

Por todo lo anterior, fue para mí una gran decepción leer la última novela de Atxaga, El Hijo del Acordeonista. No es un mal libro, la prosa fluye bien y por momentos los recuerdos de la niñez del protagonista en el mítico pueblo vasco de Obaba son bastante evocadores. Pero es claramente inferior a los otros dos libros anteriores. No pude encontrar más que pálidos reflejos de la imaginación, de la riqueza en los diálogos, ni de la fuerza moral que tanto me cautivaron.

Sobre la imaginación, las historias que se van cruzando son previsibles y el misterio que se revela al final, irrelevante para el conjunto del libro. Puede pensarse que se trata de una novela realista, por lo que sería injusto compararla con Obabakoak, por ejemplo. Es cierto, pero de Atxaga esperaba algo más que un simple cuadro costumbrista. En cuanto a los diálogos, estos parecen estar más al servicio de la narración que de ser en si mismos una fuente de reflexión. Por último, la fuerza moral está diluida por un cierta corrección política, en la cual se ataca por igual al franquismo, ETA, y la naciente democracia. En ese sentido, la tortura moral que significa para el protagonista conocer que su padre participó del lado de los franquistas en la guerra civil no resulta convincente. También parece forzado el distanciamiento de los jóvenes militantes de ETA con respecto a la organización, debido más a un rechazo al autoritarismo y la inflexibilidad de sus líderes que a un desencanto con su ideología.

Leo en la contracarátula que, de acuerdo a un crítico, El Hijo del Acordeonista es la primera gran novela vasca. Quizás esa sea la fuente del problema, el ambiciosos intento de Atxaga de relatar e interpretar la historia reciente del País Vasco a través de unos pocos personajes. Comete el mismo error que Eduardo Mendoza en La Ciudad de los Prodigios, la "gran" novela sobre Barcelona. Al intentar que un pueblo entero y su historia sean protagonistas del libro, los personajes se vuelven artificiales, pierden profundidad psicológica, son sólo moldes en los cuales el autor vuelca todas las insatisfacciones y contradicciones del colectivo.

Espero que en su próxima novela Atxaga se centre nuevamente en el individuo (sea o no sea vasco) y no tanto en su programa nacionalista, muy respetable a nivel político pero de pobres resultados literarios. Termino con una frase sacada de Obabakoak, que dice algo así como "sólo las personas mediocres se enorgullecen de lo que no les gusta". Vaya esa admonición para los anti-españoles y anti-vascos, los anti-americanos y anti-europeos, los anti-globalización, etc.

16.5.05

Crónica Inaugural

Aún no sé bien que va a ser de este diario, trataré de irlo imaginando sobre la marcha. Por lo pronto es mi espacio privado en donde volcar opiniones no-profesionales, expresar mi entusiasmo por algún libro o película, o intentar transmitir un poquito de la emoción que me provoca la música.

Para quienes no me conocen, soy economista de profesión, pero dado mi total rechazo al mundo real y a los "negocios" en particular, me dedico a dar clases en la universidad y a investigar. En mi tiempo libre leo mucho, voy al cine e intento con más pasión que arte tocar el piano. Lo de los deportes no se me da muy bien, aunque puedo pasar una tarde feliz viendo fútbol en la televisión. Pese a todo lo anterior, tengo una novia encantadora.

Vivo en Ciudad de México, aunque soy peruano y chileno de origen (no es tan contradictorio como parece). He vivido antes en Madrid y en Minneapolis, USA. En todos esos lugares he dejado grandes amigos y trámites burocráticos inacabados. Ya sabemos que lo peor de un país se refleja siempre en su ley de extranjería ...

Un paréntesis sobre lo de Cartesio. Aparte de ser un ingenioso juego de palabras con mi nombre, también es una apelación al uso de la razón como instrumento para el intercambio y discusión de ideas. Seamos racionales (... y no pidamos lo imposible).